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Policía en América Latina:

Cuatro tareas pendientes

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Juan Carlos Ruiz-Vásquez

Profesor titular de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, Bogotá, Colombia. Doctor en Ciencia Política, por la Universidad de Oxford, Reino Unido. Máster en Administración Pública por la École Nationale d’Administration, Francia.

Las fuerzas de policía en América Latina son actores institucionales cruciales para sus gobiernos. No solo deben combatir una criminalidad creciente y cada vez más sofisticada, sino que deben controlar las nuevas y variopintas manifestaciones callejeras. La respuesta que da la policía a los ciudadanos, su eficacia en el combate al crimen y el mantenimiento del orden público la convierten en una institución fundamental para la legitimidad de los gobiernos.

En el siglo XXI, los ciudadanos de la región han demandado mayores niveles de seguridad a través de manifestaciones multitudinarias que no eran usuales en el siglo XX, como la marcha por la «Paz con justicia y dignidad» (México, 2011), la marcha «Un millón de voces» (Colombia, 2008) o las manifestaciones «La vida de nuestros hijos» (Argentina, entre 2004 y 2006).

Según el Latinobarómetro, la inseguridad es la primera preocupación de los habitantes latinoamericanos. En promedio, el 19,2 % de los latinoamericanos consideran la inseguridad el problema más agudo, seguido por el desempleo y las cuestiones económicas. A su vez, desde 1993, de manera consistente, en promedio el 64 % de los latinoamericanos tienen poca o ninguna confianza en la institución policial.

Los bajos niveles de confianza de la policía versus las altas expectativas y demandas de los ciudadanos latinoamericanos en procura de mayores niveles de seguridad impactan de manera significativa en la credibilidad y legitimidad de los gobiernos de la región y crean una brecha profunda entre el Estado y los individuos.

« Los problemas de corrupción, brutalidad policiaca y violación de derechos humanos hicieron que en promedio, en 2018, solo el 34 % de los latinoamericanos manifestaran su confianza en la policía. »

Imagen: la desconfianza tradicional

Las policías de América Latina son instituciones desprestigiadas. En general son despreciadas o temidas por los ciudadanos de la región. Los problemas de corrupción, brutalidad policiaca y violación de derechos humanos hicieron que en promedio, en 2018, solo el 34 % de los latinoamericanos manifestaran su confianza en la policía.

No obstante, existen diferencias marcadas entre países. De manera consistente desde los años 1990, las instituciones policiales más desprestigiadas en la región han sido en su orden las de México, con un nivel del 18 % de confianza, seguidas por las de Guatemala (19 %), Venezuela (21 %) y Paraguay (22 %).

Por el contrario, las policías más prestigiadas, con niveles de confianza sostenidos en el tiempo, han sido las de Chile (56 %), Colombia (46 %) y Uruguay (45 %). Desde 2010, la policía uruguaya ha visto una tendencia al alza en términos de legitimidad, mientras que las dos primeras atestiguan una disminución en la aceptación del público.

Los problemas de corrupción, la violación de derechos humanos y la intervención de fuerzas antidisturbios con muertos y heridos en las manifestaciones prolongadas de 2019 contra los gobiernos de Piñera, Duque, Moreno y Ortega de seguro han debido afectar aún más estos niveles de confianza. Mientras que en Colombia se exige el desmantelamiento de su división antimotines Esmad, miembros de Carabineros en Chile son acusados de violación y torturas tras las protestas de 2019 que dejaron un saldo de 25 muertos y 200 mutilados, y en Ecuador, la intervención de la policía produjo cinco muertos y medio millar de heridos.

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Salarios policiales: pobre policía

Los salarios policiales en América Latina han sido tradicionalmente bajos. Algunos países han hecho incrementos en los últimos años mejorando en algo las condiciones de sus policías. Ecuador, Guatemala y Argentina hicieron algunos aumentos que mejoraron sus salarios. Otros países como Colombia, que habían hecho una nivelación salarial significativa entre 1993 y 1996, han visto reducir con los años el poder adquisitivo de sus miembros. Las policías mejor reputadas en América Latina, como la uruguaya y la chilena, no necesariamente son las mejor pagadas en términos de poder adquisitivo.

Esta comparación no es fácil, ya que la sola conversión de los salarios en moneda local a dólares puede generar distorsiones por la revaluación o devaluación que viva el país en el momento de la operación. Igualmente, su relación con el muy conocido índice Big Mac de The Economist para determinar el poder adquisitivo es complejo porque este índice no existe para algunos países de la región. Muchos salarios pueden dar otras compensaciones como bonos, vivienda, salud, alimentos, entre otros que no se reflejan en el salario mensual. También vale la pena anotar que el salario para los primeros años de la carrera, que sirve para este cálculo, no necesariamente es consistente a lo largo de la carrera.

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No obstante, a pesar de estas limitaciones metodológicas, es posible afirmar que, en términos brutos, las fuerzas de policía con mejores salarios son en su orden Ecuador, Chile y Brasil. Un policía de la ciudad de Nueva York gana entre tres y cuatro veces más que el policía mejor remunerado de América Latina. El policía con peor paga es el venezolano, seguido por el nicaragüense y el boliviano.

Las policías de Perú, Ecuador y Panamá son las que mejor pagan a sus efectivos en términos de poder adquisitivo (tabla 1). Es decir, los salarios que reciben sus policías les permiten un mayor consumo. Por el contrario, el salario de los policías de base en Venezuela, Nicaragua y Bolivia son los más bajos en términos de poder adquisitivo.

Un policía de la RCMP canadiense tiene un poder de consumo cinco veces mayor que el policía colombiano y alrededor de tres veces más que el policía uruguayo o chileno. Un policía de la ciudad de Nueva York con su salario puede comprar doce veces más que uno boliviano y cien veces más que el venezolano.

Tabla 1. Salarios de los policías de base en las Américas
y su poder adquisitivo, 2017-2020

Mortalidad policial: un empleo peligroso en América Latina

Los países donde son asesinados más policías en América Latina coinciden con aquellos donde también hay altas tasas de homicidios de sus connacionales. En México, Colombia, Brasil y Venezuela es donde más mueren policías por millón de habitantes. Estos cuatro países son también los que comparten en promedio el mayor número de ciudades violentas en el mundo según el listado que publica desde 2010 el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal —alrededor de 35 ciudades—.

Tabla 2. Tasa de policías asesinados en horas de servicio por millón
de habitantes, 2016-2018

En El Salvador y Brasil, la mayoría de policías son asesinados en horas de descanso. En el primero, por ejemplo, en 2018 de 31 policías asesinados, tan solo 7 cayeron en horas de servicio, la mayoría a manos de las maras. En Brasil, los policías mueren por balas de los comandos criminales mientras ejercen un segundo trabajo como vigilantes privados o actuando como miembros de bandas delincuenciales.

La inclusión de la mujer en la policía: una tarea inacabada

El número de mujeres policías sigue siendo muy bajo en América Latina si se les compara con algunas fuerzas de policía en Europa. Entre el 8 y el 10 % de los uniformados en América Latina son mujeres. Salvo Nicaragua, con una ya larga tradición de inclusión con un 34 % de su pie de fuerza constituido por mujeres, en el resto del continente se sigue una tendencia leve de crecimiento del pie de fuerza.

En no pocas fuerzas policiales de América Latina se sigue considerando a la mujer policía como una funcionaria para tareas menores y subsidiarias. La atención de la primera infancia y adultos mayores junto con labores de comunicación y relaciones públicas son las tareas asignadas a las mujeres policías. Los cuerpos policiales con perfil más militar tienen dificultad en reclutar mujeres como miembros de la organización.

Sin embargo, en otros países la mujer policía comienza a ser incluida en divisiones de alto riesgo como vigilancia, antidisturbios y operaciones especiales. En muy pocas fuerzas de la región, mujeres han llegado a ejercer la dirección general. Nicaragua ha tenido dos mujeres directoras, mientras que las principales policías de Argentina, Colombia, Perú o Uruguay nunca han contado con una mujer directora general.

Existe un discurso organizacional que hace prevalecer una institución masculina. Frases que en apariencia parecen inocuas o consideradas, como «la mujer en la policía es la cara bonita y amable de nuestra institución», «la mujer es la dulzura hecha policía» o «debemos preservar a las mujeres policías de las situaciones peligrosas y violentas», esconden un mensaje machista. Al ritmo actual de crecimiento en el reclutamiento de mujeres, en 2050 muchas organizaciones policiales de la región tan solo contarán con una tercera parte de mujeres en su pie de fuerza.

Algunas consideraciones finales

La confianza pública en la policía es uno de los pilares de la rendición de cuentas y una fuente de compromiso y cooperación con la comunidad. En oposición, el antagonismo público puede debilitar la capacidad de la policía para combatir el crimen y poner en peligro su legitimidad. La hostilidad hacia la policía puede afectar no solo las carreras de los oficiales y su espíritu de cuerpo, sino que también socava la imagen del gobierno. Cuando la policía se vuelve violenta, golpea y coacciona a los ciudadanos, aumenta el antagonismo público.

Determinar las actitudes del público hacia la policía no solo es útil para mejorar la relación entre la policía y la sociedad, sino que también puede ayudar a obtener el apoyo del público o ser utilizado como una fuente para evaluar el desempeño policial. En términos de análisis institucional, los cambios dramáticos en la confianza pública pueden ser esenciales para establecer un punto de inflexión en la evolución de una organización pública.

Las reformas policiales han sido frecuentes en nuestra región, celebradas por los gobiernos pero obstaculizadas por las mismas fuerzas policiales refractarias a la mirada externa y a la intervención de funcionarios ajenos a su jerarquía. Sin que estas reformas hayan producido resultados tangibles, las policías en América Latina siguen acusando problemas graves. Sin prestigio ni legitimidad, mal pagas, poco inclusivas y trabajando en contextos de hiperviolencia, estas policías llevan en sus hombros el rol protagónico de los gobiernos.

« En no pocas fuerzas policiales de América Latina se sigue considerando a la mujer policía como una funcionaria para tareas menores y subsidiarias. »

Adelantar un análisis de las policías de América Latina como si fueran un todo homogéneo es muy problemático. Las fuerzas de policía en la región tienen diferencias marcadas. Unas son más profesionales y civilistas, otras más corruptas y brutales. Las hay más desarrolladas y especializadas en contraposición con fuerzas poco formadas y casi primitivas en sus protocolos y accionar. Incluso en un mismo país con variadas policías, las diferencias entre cuerpos policiales pueden ser importantes. A pesar de estas diferencias, las policías latinoamericanas aún tienen un largo trecho de cambio por recorrer.

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