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COVID-19:
cómo internet
nos salvará

(y a nuestra democracia)

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Sebastian Grundberger

Representante de la Fundación Konrad Adenauer en Uruguay y director del Programa Regional Partidos Políticos y Democracia en América Latina, con sede en Montevideo.

Observada desde el futuro, es posible que la crisis de COVID-19 se valore como el momento en que internet nos salvó a todos, y con eso salvó al mundo. Si la democracia liberal sale fortalecida de esta prueba de fuego, seguramente también en gran parte será gracias a internet.

Calles totalmente vacías en Seúl, Berlín, Madrid, Roma y Buenos Aires. No funcionan los cines, los restaurantes, las casas de electrodomésticos ni tampoco los parques de diversión.

No se realizan congresos de partidos políticos, actos proselitistas ni debates televisivos. Incluso las elecciones son postergadas de forma indefinida. ¿Estamos en medio de una crisis global? Indudablemente. ¿Están por esto amenazadas en su existencia nuestra economía mundial, nuestra convivencia, el orden democrático de los países occidentales? De ninguna forma. Aunque el COVID-19 constituya un emergente de dimensiones sin precedentes, esto no va a suceder. Y una razón fundamental es internet.

Si se necesitara una prueba de hasta qué grado puede el mundo virtual sustituir al mundo real, millones de personas en cuarentena la están proporcionando en estos días. Si no ejercemos profesiones que exigen presencia física en el puesto de trabajo, organizamos reuniones virtuales de trabajo. Hacemos nuestras compras de alimentos y artículos de limpieza en forma remota; intervenimos en blogs, enviamos artículos para su publicación virtual y compramos libros electrónicos para leer en nuestra tableta Kindle. Realizamos donaciones en línea para víctimas del COVID-19, disfrutamos de una cerveza after office en forma virtual y participamos de los llamados a la solidaridad social mediante hashtags como #NosQuedamosEnCasa.

« Si se necesitara una prueba de hasta qué grado puede el mundo virtual sustituir al mundo real, millones de personas en cuarentena la están proporcionando en estos días. »

Educamos a nuestros hijos gracias a las aulas virtuales que ofrecen sus escuelas, participamos de servicios religiosos en internet y nos mantenemos en buena forma física mediante tutoriales de YouTube. Soñamos con los conciertos en línea de grandes artistas, buscamos en las redes apoyo sicológico para superar lo mejor posible la cuarentena y acordamos en forma virtual aplaudir y agradecer desde nuestros balcones reales todas las noches a las 21 horas al personal de la salud, por su enorme compromiso con la vida de todos. Para muchos de nosotros, una cuarentena sin Netflix es tan impensable como lo fue hace algunas semanas un partido de la Champions League sin espectadores. Y, finalmente, disponemos de aplicaciones que permiten detectar en forma remota si tiene sentido o no realizar un test de COVID-19.

Una vida casi normal en circunstancias anormales

A nadie se le ocurriría cambiar su tejido de relaciones presenciales por este tipo de vida. Sin embargo, la tecnología nos permite hacerlo de forma asombrosamente aceptable en muchos aspectos. Y esto sucede en una situación que es cualquier cosa menos normal. Imaginemos por un momento que no dispusiéramos de internet y de las redes sociales. Imaginemos qué sucedería en este contexto con las cadenas productivas, con nuestra vida social, con nuestros puestos de trabajo. Pongámonos en la situación de muchas empresas que no dispondrían de la posibilidad adoptar formatos en línea y ofrecer entregas a domicilio, de manera de asegurar por lo menos parte de sus ingresos. Imaginemos un minuto cómo sería arreglárnosla sin las opciones que ofrece la economía digital. Pensemos qué impactos sobre nuestra salud física y psíquica, sobre nuestro estado físico y nuestra vida familiar tendría la crisis del COVID-19 si no dispusiéramos de internet. No es necesario pintar escenarios de horror para entender cuánto debe cada uno de nosotros a internet y especialmente a las redes sociales en estos días.

Incluso para nuestra democracia liberal sería mucho más difícil reaccionar en forma adecuada a la crisis del COVID-19 y al mismo tiempo respetar la vigencia de las reglas básicas de la democracia. Desde el 22 de marzo la canciller federal alemana Angela Merkel entró en cuarentena tras el contacto con un paciente de COVID-19. Desde su aislamiento domiciliario ella se ha seguido ejerciendo sus funciones como jefa de Gobierno sin ningún tipo de cuestionamiento mediante internet. Y este es solamente uno de muchos ejemplos. También las votaciones parlamentarias entre los representantes elegidos democráticamente pueden ser derivadas a la red. En este sentido, Chile y Ecuador han dado primeros pasos. De la misma forma, aunque presente notoriamente dificultades técnicas mayores, esto se podría hacer con procesos electorales completos. Aunque la cuarentena durara meses o incluso años, gracias a internet, las autoridades democráticas podrían seguir cumpliendo con sus obligaciones.

Democracia vivida en línea

Sin embargo, la democracia significa mucho más que procesos democráticos como elecciones y coordinaciones interministeriales. Ya lo decía Konrad Adenauer: «La democracia debe ser vivida». Esto se hace a través de debates públicos, animados, pluralistas y controvertidos. Internet nos permite salir del aislamiento físico y lanzarnos de lleno a estos debates. Por supuesto que también los regímenes autoritarios, que a menudo censuran las comunicaciones por internet, pueden utilizarlo para sus fines. Sin embargo, para el debate democrático en la crisis del COVID-19, internet es de importancia existencial.

En tiempos de crisis, muchos tomamos conciencia de lo que realmente es importante. En este momento, el confinamiento significa una renuncia a nuestra libertad personal pero lo aceptamos en beneficio de la comunidad. De acuerdo con encuestas realizadas en países afectados, la mayoría abrumadora de las personas están dispuestas a este sacrificio. En las democracias liberales esto sucede también gracias a los medios de comunicación libres que informan a través de internet de manera plural y orientada a hechos objetivos.

« En este momento, el confinamiento significa una renuncia a nuestra libertad personal pero lo aceptamos en beneficio de la comunidad. De acuerdo con encuestas realizadas en países afectados, la mayoría abrumadora de las personas están dispuestas a este sacrificio. »

Los extremos políticos y las noticias falsas no han logrado hasta ahora apropiarse de la interpretación de la crisis ni imponer escenarios apocalípticos en la mayoría de la opinión pública. Por lo contrario, diariamente millones de ciudadanos responsables de todos los colores políticos rechazan la desinformación. Esto sucede en salas de chat, a través de WhatsApp, en las redes sociales, en comentarios en línea. Muchas personas normalmente sobreexigidas en sus puestos de trabajo, ahora disponen de tiempo para defender el bien común en los ámbitos digitales de los ataques de bots y trolls. Todavía es demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas sobre estas tendencias. Pero en Alemania, las primeras encuestas muestran que se fortalece el centro político mientras que los extremos están perdiendo apoyo.

Observada desde el futuro, es posible que la crisis de COVID-19 se valore como el momento en que internet nos salvó a todos, y con eso salvó al mundo. Si la democracia liberal sale fortalecida de esta prueba de fuego, seguramente también en gran parte será gracias a internet.

Traducción: Manfred Steffen

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