Estudiantes por el clima:

Retos para la participación joven Descargar Epub

Andrea García Salinas

Comunicadora para el Desarrollo (Pontificia Universidad Católica del Perú). Especializada en comunicación del cambio climático. Miembro de Climate Tracker, red de periodistas y comunicadores del cambio climático en más de 120 países. Cursa un MA en Desarrollo Internacional, Ambiente y Migración en la Paris School of International Affairs–SciencesPo.

El 15 de marzo de 2019, más de 1,5 millones de estudiantes provenientes de 120 países faltaron a la escuela y tomaron las calles para unirse a la protesta mundial por el clima. Su pedido era uno: exigir a los gobiernos acción inmediata para luchar frente al cambio climático.

Greta Thunberg, de 16 años, es la activista sueca que inspiró un movimiento mundial de jóvenes profundamente preocupados por su futuro. Parecería que las generaciones más jóvenes han comprendido el precio de la inacción hacia la degradación ambiental y el cambio climático. Y lo han tomado personal: sin un planeta, su futuro está en juego. 

El objetivo de este ensayo es explorar la participación de los jóvenes en el movimiento School Strike for Climate, sus mensajes y canales, y los desafíos que enfrentan en relación con la participación en la lucha ante un problema tan complejo.

Entendiendo la crisis climática

Mientras que cada año es marcado como el más cálido en comparación con el anterior, la crisis climática parece empeorar. El último informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) destaca las consecuencias devastadoras de un aumento de la temperatura global en 1,5 ºC y 2 ºC.

Según el estudio, un aumento en la temperatura promedio del planeta de 1,5 ºC para el año 2030 podría representar riesgos para la salud, los medios de vida, la seguridad alimentaria, el suministro de agua, la seguridad humana e incluso el crecimiento económico. El aumento de la temperatura global generaría eventos climáticos extremos como olas de calor, sequías, tormentas, inundaciones y otros. Esto afectaría a las poblaciones de todo el mundo. Los países más pobres son los más vulnerables a los efectos del cambio climático.

Sin embargo, no existe consenso respecto a la urgencia de la problemática. El debate sobre el cambio climático incluye una polarización de creencias entre quienes están convencidos de la urgente necesidad de acción para resolver este fenómeno y quienes afirman que el calentamiento global no es más que un engaño que responde a intereses económicos y políticos.

« Los países más pobres son los más vulnerables a los efectos del cambio climático »

Se puede decir que el ángulo comunicacional del cambio climático adoptado por los medios de comunicación no ha sido el más efectivo. Tradicionalmente, los enfoques de comunicación al respecto se han centrado en el sentido de tragedia y fatalidad asociados con los eventos climáticos extremos. Las clásicas imágenes del oso polar en una capa de hielo derretida o del humo negro contaminando el aire que respiramos no cuentan la historia completa ni los efectos devastadores inmediatos en las vidas humanas.

Algunos autores sugieren que la razón por la que seguimos ignorando el cambio climático se encuentra en las diferencias entre un cerebro racional y un cerebro emocional. Aun cuando una persona pueda ser convencida por los datos y la teoría del cambio climático, no se comprometerá a actuar mientras su cerebro emocional no esté comprometido. Una comunicación efectiva del cambio climático tendría que atraera ambos lados del cerebro para que el problema sea creíble y accionable (Marshall, 2015).

Greta Thunberg durante la manifestación de los viernes en Estocolmo. Su cartel dice «Huelga escolar por el clima».

Foto: Per Grunditz, vía Shutterstock

Hablar de cambio climático es complicado. Para comenzar, sus impactos no son visibles para la mayoría de las personas, especialmente para aquellos que viven en áreas urbanas que no están fuertemente afectadas por los fenómenos meteorológicos extremos. En segundo lugar, los efectos del cambio climático no son inmediatos. Las proyecciones que destacan los impactos para el año 2050 o para fines del siglo no son suficientes para convencer al público. En tercer lugar, actuar para revertir las causas del cambio climático no representa una gratificación (Polk, 2018). Finalmente, el fenómeno del cambio climático en sí mismo no es menos complejo. Esto lleva a idear nuevos formatos y mensajes más innovadores para no solo comunicar el fenómeno, sino también para movilizar a la ciudadanía a la acción.

La protesta de estudiantes por el clima

En agosto de 2018, Greta Thunberg, de 15 años, de Suecia, indignada por las olas de calor y los incendios forestales en su país, decidió que quería protestar contra la inacción climática. Desde temprana edad, en la escuela, era consciente de las causas y consecuencias del cambio climático. La grandiosidad del problema la afectó tan profundamente que sufrió depresión a los once años, para luego ser diagnosticada con síndrome de Asperger y mutismo selectivo.

Cada viernes, Thunberg faltaba a la escuela y se sentaba durante horas frente al Parlamento sueco en Estocolmo, para exigir al Gobierno que redujera las emisiones de carbono e implementara políticas climáticas más ambiciosas a la luz del Acuerdo de París. «School Strike for Climate» (Skolstrejk för klimatet) decía el cartel pintado a mano que llevaba consigo.

Lo que comenzó como una protesta de una sola persona fue seguido rápidamente por más jóvenes, que se unieron a ella frente al Parlamento sueco. Muy pronto, el hecho llamó la atención de los medios locales, que compartieron su historia en otros canales de comunicación europeos. Esta acción inspiró a otras asociaciones juveniles a organizar las primeras protestas en sus ciudades de origen en países de Europa occidental, Australia y Canadá.

Tras una charla TED en la que instó a los políticos y a la sociedad civil a preocuparse por el cambio climático, Thunberg pronunció un discurso durante la Cumbre del Clima (COP24) en Polonia, en diciembre de 2018. Allí la joven activista exigió a los políticos que actuaran con urgencia sobre el cambio climático:

No hemos venido aquí para rogar a los líderes mundiales que se preocupen. Nos han ignorado en el pasado y nos volverán a ignorar. Nos hemos quedado sin excusas y nos estamos quedando sin tiempo. Hemos venido aquí para hacerles saber que el cambio está llegando, les guste o no. El verdadero poder pertenece a la gente.

« Los efectos del cambio climático no son inmediatos. Las proyecciones que destacan los impactos para el año 2050 o para fines del siglo no son suficientes para convencer al público »

Las protestas locales se intensificaron y las organizaciones juveniles convocaron una movilización global masiva el 15 de marzo de 2019. En una carta abierta del grupo de coordinación global de School Strike for Climate que se publicó en The Guardian semanas antes del 15 de marzo, el mensaje fue el siguiente:

Nosotros, los jóvenes, hemos empezado a movernos. Vamos a cambiar el destino de la humanidad, les guste o no. Unidos nos levantaremos hasta que veamos justicia climática. Exigimos que los tomadores de decisiones del mundo asuman la responsabilidad y resuelvan esta crisis. […] Nos han fallado en el pasado. Si nos siguen fallando en el futuro, nosotros, los jóvenes, haremos que el cambio suceda por nosotros mismos. La juventud de este mundo ha comenzado a moverse y no vamos a descansar.

A través de su carta abierta, los jóvenes miembros del movimiento (también conocido como Fridays for Future o School Strike for Climate) pudieron comunicar un mensaje directo, relatable e impactante. Además, el uso de redes sociales y la rápida difusión de mensajes bien elaborados, producidos por jóvenes y para jóvenes, llevaron a una movilización mundial muy exitosa. Como resultado, el 15 de marzo de 2019 más de 1,4 millones de jóvenes marcharon juntos en 2233 ciudades, en 128 países. Para algunas fuentes, esta ha sido la acción global a favor del clima más grande de la historia.

Sobre la participación de los más jóvenes

El hecho de que más de un millón de niños y adolescentes alrededor del mundo estuviesen motivados para salir a las calles y hacer oír sus voces ya sugiere un tipo de participación política en torno a temas que conciernen a la sociedad.

El papel de las tecnologías de la información y la comunicación en un mundo globalizado ha tenido un impacto relevante al brindar un soporte para la participación de los jóvenes en los problemas cívicos que los afectan. Además, estas plataformas les permiten tener una agencia más allá de los canales tradicionales establecidos por los adultos, y suman un sentido de camaradería en que los jóvenes se reconocen a sí mismos como parte de una cultura global.

Los niños y adolescentes menores de 18 años representan aproximadamente uno de cada tres usuarios de Internet en todo el mundo. Según el Estado mundial de la infancia 2017 de Unicef, los jóvenes de entre 15 y 24 años de edad son el grupo de edad más conectado. En todo el mundo, el 71 % de ellos están en línea, en comparación con el 48 % de la población total.

Como resultado, se esperaría que cada vez más niños y adolescentes que tienen acceso a Internet puedan involucrarse en los problemas actuales de la sociedad. Esta conectividad de la era digital también contribuye a construir el sentido de identidad comunitaria y colectiva que fue clave en la movilización de los jóvenes durante la protesta mundial por el clima.

Por otro lado, aunque miles de personas apoyaron las acciones de los jóvenes huelguistas del clima, incluidos los líderes de la opinión pública y los políticos, hubo un sector que criticó duramente la protesta y en su lugar sugirió que ellos regresaran a la escuela y estudiaran para «tener un trabajo en el futuro».

Esto se debe al hecho de que los jóvenes tienden a ser subestimados por los adultos cuando se trata de asuntos serios, debido a su incapacidad para expresarse de su misma manera, así como por su falta de conocimientos y experiencia.

Tal como afirman algunos autores, más allá de que los niños tengan derecho a expresar sus opiniones en todos los asuntos que los afectan, también es necesario considerar seriamente sus opiniones al tomar decisiones (Lansdown, 2009). En este sentido, el papel de los gobiernos también es fundamental para garantizar la participación de los niños facilitando los canales de diálogo, reforzando la legislación y las políticas dirigidas a los jóvenes.

La escuela de la huelga

Foto: GoranH, vía Pixabay

Hacerle frente a la crisis climática implica desafiar las dinámicas de poder tradicionales en todos los sectores de la sociedad. Es posible que una reevaluación de la dinámica política, propuesta por los niños, pueda tener un efecto a largo plazo.

Próximos pasos

En los últimos meses, Greta Thunberg ha hecho apariciones públicas en eventos políticos de alto nivel en los que ha pronunciado discursos ante el Parlamento Europeo, en el Foro Económico Mundial en Davos o en la Cumbre sobre el Clima de la CMNUCC, COP24. De momento, ha anunciado que participará en la Asamblea General de la ONU en setiembre y en la COP25, que se realizará en Chile a fines de este año. Muy consciente de sus emisiones de carbono, Thunberg decidió hacer un alto en sus estudios y emprender el viaje a las Américas por mar, en un velero.

« Aunque miles de personas apoyaron las acciones de los jóvenes […] hubo un sector que criticó duramente la protesta y en su lugar sugirió que ellos regresaran a la escuela y estudiaran para tener un trabajo en el futuro »

El movimiento de los jóvenes sigue en aumento. Extinction Rebellion (Rebelión contra la Extinción) es otro movimiento que exige a los gobiernos que se declaren en emergencia climática y que la protección climática se convierta en una prioridad. A la fecha, países como Irlanda, Canadá, Francia y Argentina se han declarado en emergencia climática.

En América Latina, diversas asociaciones estudiantiles y ONG se han ido sumando al movimiento y han llevado sus pedidos a las calles. No obstante, el mayor desafío para el movimiento será mantener el momentum que es fundamental para movilizar a la ciudadanía y buscar acceder a los canales de participación política formales.

Para los más jóvenes será relevante mantener su identidad colectiva, establecer su credibilidad y formar alianzas sólidas con otras organizaciones como redes científicas, instituciones académicas, medios de comunicación, políticos y otros líderes de opinión que han estado trabajando en el tema y que ya han logrado construir mecanismos de participación. Esto facilitaría que sus reclamos no queden en las calles y trasciendan a la esfera política. Por ahora, hay esperanza y optimismo.

Bibliografía

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Lansdown, G. (2009). «The realisation of children’s participation rights: Critical reflections». En A handbook of children and young people’s participation (pp. 3345). Londres: Routledge.

Marshall, G. (2015). Don’t even think about it: Why our brains are wired to ignore climate change. Bloomsbury Publishing USA.

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