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Dilemas de la pandemia en México
Éctor Jaime Ramírez Barba

Éctor Jaime Ramírez Barba

Médico cirujano (Universidad de Guanajuato, México). Especialización en Cirugía General y en Salud Pública. Doctor en Ciencias de la Salud con énfasis en Cirugía. Doctor en Administración Pública. Miembro numerario de la Academia Nacional de Medicina de México. Diputado federal por el Partido Acción Nacional.

Introducción

En el contexto actual, caracterizado por una pandemia que ha puesto al mundo entero frente a uno de los mayores retos para la humanidad, la toma de decisiones para enfrentar al covid-19 ha tomado un papel relevante. En México, la crisis de salud pública, económica y social provocada ha puesto sobre la mesa de análisis y debate el papel que juegan la política y la ciencia en la gestión y control de la pandemia.

El presente texto apunta algunas reflexiones de carácter general sobre cómo se ha enfrentado y gestionado la pandemia en México; particularmente se busca evidenciar la disposición del Gobierno federal a tomar decisiones y acciones fundadas en la evidencia y en datos científicos.

Si bien ningún país estaba preparado para afrontar una pandemia como esta, la mayoría de los gobiernos han tenido que responder a su obligación de proteger y garantizar el derecho humano universal a la salud y a la vida.

La pandemia ha puesto a prueba la capacidad del Gobierno y de la sociedad de tomar decisiones y acciones, por lo que son estas las que hacen la diferencia en los resultados obtenidos hasta el momento en cada país. Los resultados muestran la evidencia entre salud y enfermedad, entre la vida y la muerte.

« La actividad científica genera conocimiento e información sobre la base del contraste de diferentes modelos, puntos de vista e ideas sobre la naturaleza, el universo que nos rodea y sobre nosotros mismos. »

A más de seis meses del primer caso confirmado de covid-19 en nuestro país, se cuenta con información suficiente y contundente para hacer un balance comparativo de la respuesta gubernamental a la emergencia sanitaria.

Si bien los efectos de la pandemia no pueden reducirse a su dimensión biológica o de salud, pues se trata también y sobre todo de una cuestión económica y social, aquí centraré la atención en la gestión de la autoridad sanitaria.

El papel de la ciencia y la política

Como sabemos, la actividad científica genera conocimiento e información sobre la base del contraste de diferentes modelos, puntos de vista e ideas sobre la naturaleza, el universo que nos rodea y sobre nosotros mismos; así como, por su validación y aceptación por la comunidad científica, con ello contribuye a resolver problemas y a apoyar el desarrollo de las sociedades, entre muchas otras cosas. En particular, con la información producida desde la ciencia se ayuda a los Gobiernos a tomar decisiones en diversos ámbitos como el de la salud pública.

Desde la ciencia, se documentaron los antecedentes de la aparición de la covid-19 y el virus que la causa, el sars-CoV-2. Por más de medio siglo se ha estudiado esta familia de virus. Así, desde 1965 en que se identificó el primero en humanos, se han descubierto docenas de nuevos coronavirus. Desde 2003, se identificaron coronavirus cuya enfermedad resulta más grave, como el síndrome respiratorio agudo grave (sars), el síndrome respiratorio de Oriente Medio (mers) y la propia covid-19. Es decir, previo a la aparición de la covid-19, desde la ciencia ya se había aportado información relevante sobre los coronavirus.

Fuente: Shutterstock

En el presente, la ciencia ha hecho grandes aportaciones a la medicina y a la salud pública, lo que ha llevado a las sociedades a contar con información y herramientas más eficaces para la atención de la salud de las personas. En este campo, estamos en la era de la toma de decisiones basada en evidencias, sustentada en algoritmos y procedimientos diagnósticos y terapéuticos con base científica, que contribuyen a enfrentar los problemas.

Aprovechar la información científica existente y la que se genera día tras día para la toma de decisiones en salud pública resulta relevante, sobre todo para enfrentar fenómenos como el que hoy tiene en jaque al mundo. La respuesta más esperada contra esta pandemia vendrá desde el campo de la ciencia; todos tenemos cifrada nuestra esperanza en una eventual vacuna contra el sars-CoV-2.

Sin embargo, en México, para el principal responsable de la toma de decisiones para la atención y el control de este virus, es decir el Gobierno federal, la información científica sobre virus y su comportamiento ha resultado irrelevante y la ha desdeñado. No obstante que la dinámica del comportamiento de la pandemia requiere de decisiones y acciones eficaces y oportunas, y que la información científica y el asesoramiento por expertos es muy importante; estas han quedado en manos de políticos y funcionarios públicos que no las han tomado en consideración.

« La comunidad científica mundial ha generado una gran cantidad de información que se modifica rápidamente y aporta nuevas evidencias constantemente. »

Aunque el ejercicio de la política obedece a su propia lógica, que generalmente consiste en el debate y contraste de propuestas alternativas y la opción por aquellas que, siendo respetuosas con los derechos fundamentales, sean preferidas por la mayoría, esto no necesariamente debería ser así, pues ante un fenómeno tan complejo, novedoso y letal como la pandemia por covid-19, las decisiones de política para su control deberían estar basadas en evidencias, hechos y pruebas científicas.

Si bien no siempre las decisiones políticas deben obedecer a dictados científicos, ante fenómenos que admiten interpretaciones distintas, alta complejidad y desconocimiento la ciencia puede aportar muchos elementos confiables y seguros para la toma de decisiones, que en su caso y ante la dinámica del fenómeno se pueden rectificar y corregir. En relación con la actual pandemia, la comunidad científica mundial ha generado una gran cantidad de información que se modifica rápidamente y aporta nuevas evidencias constantemente.

Aunque se reconoce que en política la toma de decisiones en ocasiones no es un asunto racional y basado en datos o evidencia científica, ya que generalmente atiende a sentimientos, emociones y pasiones, también es un campo en el que cotidianamente las decisiones se toman en función de generar simpatías y aglutinar voluntades y apoyos para el tomador de decisiones o su grupo.

Sin embargo, se considera que cuando se trata de decisiones que ponen en riesgo la salud y la vida de las personas, estas deberían ser racionales, sobre hechos y datos con base científica, ya que, si se prescinde de estos criterios, con seguridadhabrá equivocaciones o ineficacias respecto del objetivo que se pretende. El papel de la ciencia y de los datos es darle a la sociedad la mejor estimación de dónde está, para que luego la política decida dónde y cómo quiere ir.

Desafortunadamente, en nuestro país, desde la llegada del actual gobierno la ciencia ha estado relegada, descalificada y ajena a la toma de decisiones gubernamentales. Las consecuencias de ello las sufre la sociedad en su conjunto, pues tiene que enfrentar los costos de todo tipo de errores terribles. Por supuesto que la política, es decir el Gobierno, puede y debe aspirar a cambiar la realidad del país, y para ello a veces es imperativo superar los hechos. Pero no se puede cambiar la realidad sin prescindir, hasta cierto punto, de ella tal como es, de los hechos.

Así, de las decisiones políticas más polémicas sobre el manejo de la pandemia en México podemos destacar algunas de las que tenían como objetivo controlar y contener la propagación de la enfermedad desde el ámbito de la autoridad sanitaria; sin embargo, por los resultados hasta ahora vistos, muchas de estas decisiones carecieron de eficacia porque no se tomaron con base en evidencia objetiva y obtenida rigurosamente, es decir, con base en información científica.

Por un lado, la pandemia dejó al descubierto las deficiencias de nuestro sistema de salud, pero también evidenció graves deficiencias en el sistema político para la toma de decisiones eficaces para prevenir y afrontar un evento de esta naturaleza.

Aun cuando para la atención de la pandemia nuestro país cuenta con un marco normativo e institucional —que en muchos casos presentó serias limitaciones—, la toma de decisiones de parte de la autoridad sanitaria federal ha sido muy importante en la consecución de los resultados hasta ahora obtenidos.

La gestión de la pandemia

El primer caso confirmado de covid-19 en nuestro país ocurrió el 27 de febrero. Aunque se tenía información desde principios del año, el Gobierno federal no actuó de inmediato y solo se mantuvo a la expectativa, al grado de que a mediados de marzo y una vez declarada globalmente la pandemia, todavía permitió la celebración de un concierto multitudinario en la Ciudad de México.

Así, el inicio de la gestión para contener la propagación del virus fue tardía, sin planeación y sin claridad respecto de las responsabilidades que asumiría el Gobierno en sus diferentes niveles; tampoco fue clara la responsabilidad y el papel que tenía la población en general. Un contexto de total incertidumbre, no obstante que ya se conocían los riesgos y la letalidad que el virus representaba para la humanidad.

En nuestro país, el órgano constitucionalmente facultado para realizar la coordinación nacional de la atención a la emergencia sanitaria —el Consejo de Salubridad General, órgano que depende directamente del presidente de la República— fue convocado a sesionar recién el 19 de marzo, tres semanas después de comprobarse que el virus estaba en el país. Y la publicación del «Acuerdo de declaración de emergencia sanitaria», con el que se suspendieron actividades no esenciales, ocurrió el 30 de marzo.

Fuente: Shutterstock.

Se actuó tarde y sin rumbo claro. Al no lograrse una coordinación efectiva con los otros ámbitos de gobierno, se estableció una débil articulación entre instituciones del sector salud. La falta de una rectoría única a nivel nacional para la gestión de la pandemia dio lugar a que los gobiernos de las entidades federativas asumieran discrecionalmente la responsabilidad de la definición e implementación de las medidas sanitarias, y ello resultó en una respuesta fragmentada y no consensuada.

« Aun con evidencia clara de que las medidas de distanciamiento social y reducción de la movilidad eran y continúan siendo eficaces, estas no se aplicaron correctamente y perdimos la oportunidad de contener la transmisión comunitaria. »

Además, se generó una gran incertidumbre entre la población, que recibía información oficial incoherente y diversa. Las medidas de distanciamiento físico para disminuir la probabilidad de propagación comunitaria llegaron tarde. Fuimos de los países que más tardaron en reducir la movilidad. Aun con evidencia clara de que las medidas de distanciamiento social y reducción de la movilidad eran y continúan siendo eficaces, estas no se aplicaron correctamente y perdimos la oportunidad de contener la transmisión comunitaria.

Fuente: Shutterstock

La inconsistencia en la comunicación gubernamental y la negación de la evidencia respecto de la gravedad de la pandemia, reiterada por el Gobierno federal e incluso en las declaraciones del propio presidente de la República, dieron por domada o controlada anticipadamente la pandemia sin tener evidencia de ello. La incapacidad del Gobierno para comunicar eficazmente lo condujo a perder credibilidad y a generar en la población percepciones incorrectas sobre la pandemia.

Por otro lado, la incapacidad del Gobierno federal para establecer un mecanismo eficaz para el control y vigilancia epidemiológica con base científica y en consideración de la experiencia internacional sobre la propagación del virus lo llevaron a generar un sistema de información sobre el comportamiento de la pandemia poco creíble, que ha necesitado de ajustes. Las proyecciones del Gobierno han fallado reiteradamente y han sido de poca utilidad para adoptar medidas eficaces de contención de la propagación y seguimiento y atención del virus.

A ello se sumó la escasez de equipos de protección adecuada para el personal de salud, lo que ha convertido a México en el país donde más trabajadores de la salud han muerto a causa de la pandemia.

El Gobierno federal se negó reiteradamentea recomendar el uso de cubrebocas y a realizar un mayor número de pruebas diagnósticas como medidas eficaces para el control de la pandemia, no obstante la evidencia científica disponible sobre la transmisión aérea del virus.

Esto ha tenido graves implicaciones en el comportamiento de los contagios y las muertes ocasionadas por el virus. No fue sino hasta finales de julio que, ante la presión social y la recomendación de organismos internacionales, el Gobierno federal comenzó a sugerir el uso de cubrebocas como una medida adicional que no constituye una fuente de protección.

« Se requieren decisiones políticas eficaces basadas en evidencia. »

La realización de un mayor número de pruebas diagnósticas, como estrategia de monitoreo focalizado, rastreo de contactos y mitigación de la propagación del virus, no ha sido una opción en México, pese a que se ha documentado ampliamente su eficacia. Un mayor número de pruebas a personas potencialmente contagiadas pero asintomáticas, o con síntomas inciertos o leves, permite generar información valiosa para el monitoreo de la pandemia y para brindar atención médica oportuna.

Apunte final

La pandemia requiere de un gobierno con capacidad y voluntad, dispuesto a tomar decisiones y acciones fundadas en evidencia y en datos científicos. Las decisiones que se tomaron hasta ahora condujeron al fracaso de la estrategia gubernamental de atención y control. La evidencia es contundente; las cifras a principios de septiembre ya significaban 611.000 casos confirmados y casi 66.000 muertes.

Es necesario rectificar el rumbo. Hoy las proyecciones indican que llegaremos a diciembre con alrededor de 118.000 muertes por la pandemia, pero ese escenario puede cambiar drásticamente con dos medidas —el uso de cubrebocas y la realización de un mayor número de pruebas diagnósticas— que cuentan con suficiente evidencia científica sobre su gran eficacia.

La pandemia no ha terminado y seguramente viviremos con ella durante algún tiempo; de nada sirve invocar falsos triunfalismos sobre el control de la pandemia. Se requieren decisiones políticas eficaces basadas en evidencia.

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