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Un diálogo prometedor: ciencia y política en Uruguay

Redacción Diálogo Político

Redacción Diálogo Político

Entrevista con el Dr. Rafael Radi. Sebastian Grundberger, Manfred Steffen, Ángel Arellano

Diálogo Político entrevistó en Montevideo al Dr. Rafael Radi,(1) coordinador del Grupo Asesor Científico Honorario que asiste al gobierno uruguayo en la estrategia frente a la pandemia de covid-19.

¿Cómo vio la experiencia alemana de manejo de la pandemia?

La experiencia alemana tuvo un buen balance entre la rigurosidad de la identificación, rastreo y aislamiento de los casos y el discurso del Gobierno alemán a la población para que entendiera cuál era el fenómeno biológico y epidemiológico que había detrás de esto y cuáles eran los marcos temporales en los que había que pensar e ir acostumbrándose: que no habría una solución inmediata, que una cuarentena no resolvería todo pero que había comportamientos sociales que iban a ayudar a mitigar los efectos. Eso fue hecho desde el primer minuto. En ningún caso se negó la severidad de la enfermedad ni se generó la falsa ilusión de que en poco tiempo la situación se iba a resolver. Eso se acompasó con el concepto de equilibrar el control sanitario y las libertades individuales, las libertades de la sociedad.

« En ningún caso se negó la severidad de la enfermedad ni se generó la falsa ilusión de que en poco tiempo la situación se iba a resolver. »

En sociedades democráticas esto es muy importante. Desde el primer momento dijimos que había que salir al aire libre, que había que caminar, que había que hacerlo, con mucho cuidado. Pero en los países más pujantes como Alemania y los nórdicos, si bien habían disminuido la movilidad y el número de contactos, el uso de los espacios públicos había aumentado, no disminuido.

¿Cómo fue el camino uruguayo?

En Uruguay las primeras semanas fueron un poco difíciles. Pasamos la Semana de Turismo con medidas un tanto absurdas, como cerrar plazas y playas, porque predominó el miedo. Predominó el quedate en casa. Más allá que fue una cuarentena voluntaria, había un discurso muy duro que bloqueaba la utilización racional del espacio público. Ahí empezamos a mirar a otros países donde el espacio público se estaba aprovechando en forma responsable, con todas las medidas. Nosotros mismos empezamos a promoverlo, al entender cómo funcionaban los modos de transmisión. Las experiencias internacionales decían que los brotes principalmente se daban en espacios cerrados, no en lugares abiertos.

La experiencia alemana aportó mucho en cuanto al nivel de rigurosidad del control de la enfermedad a través de la identificación, el rastreo y la aislación de los casos, junto a un número de tests moleculares muy alto. Hubo un testeo muy intenso, basado en que Alemania tiene desplegadas en su territorio plataformas de biología molecular muy avanzadas, con las que pudo responder rápidamente. Además, está en un continente que dispone de equipos y de reactivos. En paralelo, se buscó no perder las libertades individuales y sociales. Ese balance fue muy importante.

« Planteamos los límites del aporte científico y dijimos que el área de la toma de decisiones no nos correspondía. »

Recuerdo que cuando se empezó a salir del confinamiento, Merkel empezó a hablar del factor R —o sea, el potencial de propagación que tiene un virus—, a explicarle a la población que había que mantenerlo en 1 o debajo de ese valor, y lo hizo muy bien. Empezó a dar elementos de epidemiología que permitían entender que en ese proceso de desconfinamiento se caminaba sobre hielo fino. Lo dijo de esa forma: podemos ir caminando y avanzando, pero hay que tener mucho cuidado porque en cualquier momento el hielo se puede romper y nos volvemos a caer. Creo que es importante que un gobernante salga con esa claridad conceptual, que es la de un científico. La veta científica de Merkel quedó claramente expresada a través de ese discurso político. Creo que en ella confluyeron perfectamente su pasado y su presente. Y eso fue muy bueno.

Uruguay trató de transitar, desde el área científica, por ese mismo camino. Con un gobierno que recién ingresaba y en un país que estaba básicamente políticamente dividido en dos partes, creo que la población encontró en los científicos una voz calificada, unbiased, no sesgada. Porque siempre un ministro de un partido, por mejor que el ministro de Salud Daniel Salinas haya hecho su trabajo, puede generar dudas sobre si lo que me está diciendo es cien por ciento así o, porque forma parte del Gobierno, pinta las cosas un poco más lindas de lo que son.

Manfred Steffen, Rafael Radi y Sebastian Grundberger
Manfred Steffen, Rafael Radi y Sebastian Grundberger

Nosotros blindamos el proceso desde el punto de vista científico sobre el aporte que podíamos hacer. Por un lado, planteamos los límites del aporte científico y dijimos que el área de la toma de decisiones no nos correspondía. Desde el principio esto fue dicho en forma muy clara, por lo tanto, no tomo para nosotros la crítica de que «los científicos nos están gobernando». En el caso de Uruguay, siempre dejamos claro que nosotros aportábamos elementos científicos y entendíamos que la política tenía que considerar otros elementos. Porque de repente la ciencia te dice A pero desde el punto de vista social es intolerable. Entonces, hay que buscar balances y eso lo hacen los gobiernos. Así lo conversé con el presidente de la República el 16 de abril, en mi primera charla con él: «Este es el campo nuestro y este otro es el campo de ustedes». Eso fue aceptado y no hubo interferencias políticas en todo este proceso. Esa es la convicción de nuestro equipo de 58 científicos, y también la de los más de 100 que participaron en el desarrollo de los tests diagnósticos y otras herramientas moleculares.

Mantuvimos esa línea de trabajo y la población nos empezó a expresar algo que nunca en mi vida de científico me había pasado: «Ustedes los científicos, cuando hablan, nos transmiten tranquilidad». ¡Usar la palabra tranquilidad! La primera vez que me lo dijeron me pareció simpático y anecdótico. Pero cuando me lo dijeron diez veces, me dije ¡pucha, con conocimiento estamos transmitiendo tranquilidad! Esta es una dimensión que en mi vida de científico nunca había vivido. Me parece que la sociedad empezó a reivindicar el valor del conocimiento aplicado a la toma de decisiones. Y en eso el Gobierno fue muy inteligente.

El Gobierno apeló a la responsabilidad individual. ¿Este concepto fue creado por ustedes o surgió de la comunicación del presidente?

El concepto libertad responsable surgió directamente del presidente de la República, que fue quien optó por el camino del confinamiento voluntario, entre los diferentes escenarios que se le presentaron. Enseguida, después de eso, comenzó nuestro trabajo, con una idea similar. Pese a que el escenario era de incertidumbre y nadie sabía cuál era la mejor solución, no nos parecía inminente la necesidad de una cuarentena total en Uruguay, ya que las medidas que se habían tomado estaban funcionando y la circulación viral era muy baja. Tampoco estaba demasiado claro que la respuesta social fuera a mejorar significativamente con una cuarentena total.

Desde el punto de vista científico, manejábamos que la gente no tenía por qué quedarse encerrada. No era el concepto de quedate en casa, solamente. Esto circuló por el planeta, pero era muy pobre. Porque era quedate en casa y… ¿so what? ¿Cuánto tiempo? ¿Sólo en casa me puedo quedar? ¿No puedo salir a caminar a un parque? Fue muy sesgado. A mí me hizo un ruido tremendo y lo dije en varios lugares, que yo salía a caminar por el Prado todos los días. En esos días pensé muchas veces: «Esto nunca me va a volver a pasar, en toda mi vida». Estaba solo en el Prado a las dos de la tarde. Empezamos entonces a trabajar en el uso responsable de los espacios públicos, que también hace a la libertad responsable: caminás, hacés ejercicio, liberás tu mente. Me llamaban colegas comentando que tenían pacientes cardiovasculares viejos que, si no caminaban, se iban a morir. Y yo les decía: «Pónganle la máscara y háganlo caminar temprano en la mañana». «Pónganle un gorro para que no se den cuenta de que es viejo y la gente no lo insulte. Y que camine». En realidad, la gente quería que alguien les dijera qué hacer. Y nosotros fuimos bastante cuidadosos en decirles: «Estas son las herramientas. Usted tómelas y utilícelas en la forma más racional posible».

En un momento, un periodista me preguntó si un abuelo podía ver a un nieto. Y le respondí: «Sí, un nieto sin síntomas puede ir a la casa del abuelo y darle un abrazo, sin enfrentarlo cara con cara, y después puede estar en la vereda o en el jardín un rato con el distanciamiento físico recomendado de dos metros. El abuelo no tiene por qué estar aislado. Muchos me llamaron y me dijeron: «Más que al covid, le tengo miedo a la soledad». Era gente a la que los hijos les dejaban la comida frente a la puerta y se iban. ¡Ojo con la salud mental! Por cada mes que no se mueve, a un viejo le lleva por lo menos tres meses recuperarse. Y a un viejo que no se mueve en seis meses, no lo levantamos más. Eso lo vamos a ver el año que viene. Es un tema a nivel mundial, la parapandemia. No tiene sentido quedarse encerrado.

El discurso político y la ciencia se juntaron muy bien. La Intendencia de Montevideo empezó a hacer actividades como Rambla sin Motores, y eso ayudó. Ahora se ve a la gente haciendo un uso responsable del espacio público. Hay familias que festejan cumpleaños en un parque. ¡Eso es aprendizaje!

¿Cómo fue el diálogo entre el Gobierno y la universidad estatal?

La universidad pública y los científicos siempre han estado asociados a sectores de la vida política del país que no están particularmente identificados con el Gobierno actual. Sin embargo, este Gobierno, que llega al poder después de 15 años de gobierno de un signo político diferente, identificó que había ciertas carencias y fue a buscar a la gente. Y eso fue una buena experiencia. Realmente es un punto alto para este gobierno haber hecho eso. Y, nobleza obliga, nos podrían haber convocado y después haber intentado algún tipo de interferencia en el proceso científico. Pero nos reunimos semanalmente y no hubo ni una vez la mínima incidencia de carácter político sobre lo que nosotros producimos e informamos. Hicimos una serie de planteos y ellos tomaban las decisiones, que generalmente estaban bastante acopladas a las sugerencias. Por ejemplo, la velocidad de salida, de desconfinamiento, fue muy correcta. De hecho, prácticamente no hubo que dar marcha atrás. No se apuró demasiado, como sí ocurrió en Israel, en España o en Francia. Ese timing fue importante. Y el Gobierno tenía toda la presión de los sectores de la economía, que decían: «Queremos abrir, queremos abrir. ¿Por qué abre este y no me dejan abrir a mí?». El Gobierno de alguna forma resistió la presión porque era necesario un timing de apertura que permitiera medir cada dos semanas y, en función de si nos iba bien, hacer otra apertura. Porque los ciclos de la enfermedad nos dicen que es más o menos cada dos o tres semanas que podemos visualizar esto.

« El Grupo Asesor Científico Honorario (gach) planteó cuatro pilares del desconfinamiento: progresividad, regulación, monitoreo permanente y evidencia científica, cada uno en su justa medida. »

El Grupo Asesor Científico Honorario (gach) planteó cuatro pilares del desconfinamiento: progresividad, regulación, monitoreo permanente y evidencia científica, cada uno en su justa medida. Uruguay tuvo un plus con la ciencia local en el desarrollo de los tests diagnósticos. Cuando el virus apareció acá, en marzo, era muy difícil importar reactivos y técnicas porque se estaban usando en Europa, Estados Unidos y Asia. Nos querían mandar cosas de mala calidad, que no tenían validación. La comunidad científica local, los laboratorios, colaboraron mucho. Redireccionamos un montón de equipamiento, de gente, de reactivos, para asistir al diagnóstico.

Varios de nosotros, que estamos muy identificados con la Universidad de la República, balanceamos la situación. El Grupo Asesor les dio garantías a todos; a un gobierno que quizás históricamente no tenía tanta afinidad con el sector universitario público que venía a dar su conocimiento, y por otra parte, contaba con la confianza del resto. Esto es algo personal: cuando hablé con el presidente le planteé seis elementos indispensables para trabajar, y uno era: «le pido que usted haga una solicitud formal al rector de la Udelar».
Cuando fui a hablar con el presidente, me dijo: «La carta ya está hecha». Esa carta es de altísimo nivel, y el rector respondió con otra carta de altísimo nivel. Todavía esas cartas no están en el dominio público. Quizás en algún momento suceda. Es el intercambio epistolar entre un presidente de un sector político no necesariamente tan cercano a la tradición de la política universitaria nacional y el rector, que dice: «por supuesto, la Universidad de la República está al servicio de la nación, y si ustedes necesitan que Radi y el resto de la gente esté, la Universidad apoya»

¿Qué hacer con los más frágiles?

Juntamos miradas de distintas disciplinas. Tenemos gente del área de la nutrición: ¿cómo alimentarse bien en el marco de la pandemia? Geriatras, ¿qué pasa con los adultos mayores? ¿Y qué pasa con los niños y las embarazadas? Todos esos temas fueron tocados. Nos ayudó el mirar el problema en forma multidimensional. Este no es un tema solamente de infectólogos, de virólogos o de epidemiólogos, sino que convoca a todas las disciplinas. Quizás se podría haber trabajado más, desde lo académico, en el área de la economía y de lo social, pero no nos dio la capacidad. Y el Gobierno prefirió mantenerla para sí. Cuando la situación sanitaria esté más resuelta, habrá que ponerle más cabeza, porque esas consecuencias —las económicas, las sociales— son mucho más duraderas.

¿La experiencia del covid va a cambiar a nivel global la relación entre ciencia y política? ¿Hay un punto de quiebre?

Creo que sí. Hay mucho interés a nivel mundial en las experiencias positivas. Hay redes interesantes como la International Network for Government Science Advice. Pero también hay ejemplos negativos, de grandes porcentajes de informalidad y sin tests. Algunos se dieron cuenta cuando ya era demasiado tarde. Por ejemplo, Inglaterra que tiene un sistema científico extraordinario, como el de Estados Unidos, pero desacoplado de lo político.

Esto marca un hito, pero tengo miedo de la mala memoria de nuestras sociedades, muy basadas en cosas superficiales como el placer desenfrenado por la compra de cosas y el turismo masivo. Temo que volvamos a repetirnos. Creo que habrá una franja de gente que quedará con esto dando vueltas. Y muchas organizaciones están trabajando para que quede algo construido que permita responder mejor al futuro. Por ejemplo, el bid quiere poder identificar y mostrar las capacidades para enfrentar una nueva pandemia o un fenómeno ambiental.

Espero que en Uruguay esta se transforme en una forma de funcionamiento virtuoso, de la que ganen el Gobierno que esté, la sociedad y el sistema de ciencia y tecnología. Es indudable que el planeta llegó a un nivel de presión sobre los recursos naturales, de densidad, de cambio ambiental, que alcanza un límite que no podemos sobrepasar mucho más. Sabíamos que estábamos haciendo muchas cosas mal, pero esto fue una bomba que nos explotó a todos. Creo que por lo menos algunos países van a adoptar a la ciencia en forma más intensa. En esto seguramente las organizaciones internacionales como la onu o la unesco tendrán mucho para hacer. En esta crisis todos perdimos, pero algunos perdieron mucho más que otros. Habrá países ganadores y otros perdedores.

¿Hay diferencia entre los regímenes populistas y los países con alto nivel de institucionalidad y separación de poderes?

¿El diálogo entre ciencia y política hará escuela? La gente pierde poder adquisitivo y estará más abierta a las propuestas populistas, simplificadoras. Pero la ciencia no es fácil nunca.

Es preocupante lo de China. Las epidemias se han ido desplazando y las últimas fueron en Asia, donde hay una gentrificación muy importante y formas de producción y comercialización que facilitan el salto de los virus entre especies. Antes se debía a las grandes ciudades, ahora aparecen en lugares con gran hacinamiento y formas de producción muy invasivas del ambiente. La pérdida de biodiversidad nos va dejando a los humanos como una de las especies principales a atacar. Los virus pueden ir para muchos lados, pero si a todos les ofrecemos el mismo target… Estamos frente a temas globales que habrá que ver cómo se resuelven.

« Tengo miedo de la mala memoria de nuestras sociedades, muy basadas en asuntos superficiales como el placer desenfrenado por la compra de cosas y el turismo masivo. »

En el largo plazo es más sustentable una estrategia de control sanitario que cuente con el entendimiento y el aval de la sociedad. Nosotros tenemos una forma de vivir que tiene que ver con la democracia y la libertad, a la que es inherente el comprender lo que está pasando y cómo se puede mitigar. El problema es que, en el corto plazo, algunas medidas que podrían ser más efectivas, como el manejo de los datos, sabemos que pueden comprometer otras dimensiones. Tenemos que balancear.

¿Cómo se sale de esta situación? ¿Desconfinamiento por etapas?

Aquí hay dos palabras que quiero manejar: foco y firmeza. Foco para caminar hacia lo más difícil, que es cómo desconfinar en forma racional y segura, y firmeza porque en el camino podría pasar que hubiera distorsiones desde el punto de vista político.

En Uruguay no se produjo lo que se fustigó tanto a Brasil, Chile, México y Estados Unidos. Explota lo de Estados Unidos porque el doctor Anthony Fauci es admirado por todos nosotros, es un científico de impacto universal. En los países que no lograron superar la división político partidaria, terminó habiendo una división en el enfoque sanitario y eso fue pésimo. A esos países les fue peor. Dicho algo en broma, es como tener conejitos en una jaula. Si se escapan dos o tres, los atrapas. Pero si se escapan mil, no se puede hacer nada.

Rafael Radi en entrevista con Diálogo Político
Foto: Ángel Arellano

El informe más importante fue sobre la apertura de los centros educativos, en un momento en que en el mundo y en América no se abrían las escuelas y estaba la idea de que los niños podían ser grandes transmisores.2 Lo discutimos con el Gobierno en tres instancias. Cuando el Gobierno anunció públicamente que empezarían las clases en las escuelas rurales y luego en las áreas del interior del país, prácticamente no hubo ruido. Pero antes habíamos salido a explicar. Los propios maestros planteaban dudas: «Nosotros somos los primeros. ¿Nos vamos a enfermar, vamos a enfermar a nuestros niños?».

Nosotros explicamos a la población que había un escenario posible de aperturas escolares de bajo riesgo. El riesgo nunca es cero; eso también lo explicamos. Cuando el Gobierno lo comunicó, la sociedad ya había internalizado la decisión. No era algo improvisado. Era algo que tenía una buena base. Y fue exitoso en el mundo. Entre los países que abrieron hubo quienes lo hicieron bien y quienes no lo hicieron bien. En Uruguay, con los cuatro pilares, nos fue bastante bien. Ahora está el desafío de cómo ir a más. El mensaje es que hay que seguir avanzando.

Como ustedes dicen: la decisión es política, no científica. ¿Como congeniar dos mundos que se mueven en escalas temporales diferentes?

Lo de las escalas temporales es lindo de conversar. La ciencia, mi vida, transcurren a una velocidad que no es 150 km por hora. La ciencia bien hecha es más lenta. Vas mirando, parás en los semáforos, evitás los pozos, si es necesario corregís la dirección. Nosotros no vamos a la velocidad de un fórmula uno. Nos sentimos incómodos porque la posibilidad de error es más grande. A los científicos nos rechina equivocarnos. Entonces, cuando transitamos algo como ahora la pandemia, nuestra velocidad de crucero se vuelve incompatible con la velocidad que tiene un Gobierno para tomar decisiones: hoy, mañana, pasado. Tuvimos que aprender a trabajar más rápido, pero sin perder calidad. Un gran desafío. No es una forma de vida para siempre pero, dadas las circunstancias, la ciencia fue más rápido, con un trabajo tremendo de todos los grupos y pudimos ir dándole al Gobierno sugerencias en tiempo real.

« En ese momento les planteamos al presidente y al ministro que no hubiera ningún ingreso a sanatorio sin un test negativo. »

Presentamos un informe sobre el impacto que podría tener la pandemia en el sector de la salud. Eso habría sido un game changer. A partir de allí se decidió, junto con el Ministerio de Salud Pública, empezar a testear todos los ingresos hospitalarios. Algunas personas estaban transmitiendo la enfermedad porque eran asintomáticas; entraban al hospital o al sanatorio y nadie lo sabía. Te enterabas después de 10 o 15 días y eso ya era grave. Creo que ese fue el momento más difícil: el brote en el sector de la salud, en Montevideo. Por el impacto directo y porque, además, en Uruguay hay multiempleo médico. En ese momento les planteamos al presidente y al ministro que no hubiera ningún ingreso sin un test negativo. Todos los ingresos se testean, y para eso hay que desarrollar capacidad. Primero se instaló en el área metropolitana y ahora se llevó a los hospitales y sanatorios de la frontera. Si un día hay 500 ingresos hospitalarios y detectas uno o dos positivos, estamos hablando de los asintomáticos. Puedo pensar: «hice 500 tests y se detectaron solamente dos positivos, los tuve un día en observación, etc.». Pero ese único caso detectado, si seguía adelante, hubieras significado hacer 2000 tests más, y empezarían a caer los profesionales, cirujanos, nefrólogos, ceteístas… Al principio, el sector salud decía: «Es demasiado», pero hoy reconoce que fue una medida muy acertada, porque básicamente cortó la propagación en ese sector. Fue una decisión basada en evidencia que cortó cadenas de transmisión muy complejas, que hicieron colapsar España y el norte de Italia.

¿El gach ayuda a no partidizar las cosas en Uruguay? ¿Qué rol juega el principio precautorio de complejidad e incertidumbre? Ustedes pueden decir «no sabemos», el político no puede.

Efectivamente, y el político tiene que tratar de presentar las cosas en forma simple.

Los científicos estamos acostumbrados a vivir en la incertidumbre. Sabemos que está ahí y tratamos de manejarla de la mejor forma, aplicando métodos que nos permitan disminuirla. Pero aceptamos que está. Y en este caso era a nivel planetario, como en nuestras vidas no habíamos visto nunca. Esto nos va a marcar para siempre. Entonces, había que transmitirle a la sociedad que íbamos a caminar durante un cierto tiempo con incertidumbre, y aceptarlo y racionalizarlo. Y operar desde la razón. La incertidumbre irá disminuyendo en el tiempo, pero eso no va a ser instantáneo. En el caso de la clase política uruguaya, creo que lo entendió bien desde el principio. En comparación, hubo presidentes que negaron el problema y dijeron que no hay tal incertidumbre. Ese mensaje llega a la sociedad y la gente larga la toalla: «¿para qué cuidarme si esto es una pavada?».

El 6 de abril escribí el documento base —todavía es de uso interno—, en el que se planteaban los cuatro pilares (progresividad, regulación, monitoreo permanente y evidencia científica) para generar un marco: «Queremos llegar allá, para lo cual tenemos ciertas vías que lo permitirán en forma bastante segura». Creo que la estructuración de la salida generó menos incertidumbre.

Pero la incertidumbre existió y, si no se hubiera diseñado un método de abordaje, se podrían haber provocado reacciones de miedo, pánico y mucha irracionalidad. Un ejemplo es que cuando se cerraron 300 km de playa, en un momento sucedió que en la pista de patinaje había dos chiquilines patinando y gente que había salido a caminar, y les gritaban «asesinos» desde las ventanas. Fue muy poco tiempo. Logramos frenarlo.

Respecto a la complejidad, la estrategia uruguaya tuvo la virtud de convocar a un conjunto enorme de disciplinas a dialogar entre sí.

¿La ciencia puede desarrollar soluciones en un régimen autoritario?

Es muy llamativo que un presidente anuncie una vacuna, de la que además no vimos ningún dato. Ahí se empieza a poner en tela de juicio la libertad de la ciencia y surge la pregunta de si no se trata de una operación política y si no tiene que ver con asuntos de control. Pero hay ciencia rusa de muy buena calidad. También es verdad que, en aquellos países donde el quehacer científico y la libertad están amenazados, hay posibles deviaciones. Esto pasó en varios países. Los conflictos éticos de la ciencia muchas veces pueden estar empujados por gobiernos autoritarios, y personas que son proclives pueden maquillar datos y apoyar teorías.

La libertad del quehacer científico es esencial. Al final del camino, la ciencia como actividad civilizatoria tiene que hacerse en el ejercicio de todos los derechos humanos. Por ejemplo, la privacidad de los datos. Siempre se puede anonimizar. Se puede perder velocidad cuando hay que someter algo al aval de la ciudadanía, al contrario de hacerlo con una visión autoritaria, pero lo primero es más sustentable en el largo plazo y defiende valores de la vida humana. Es casi imposible en nuestra cabeza imaginar un sistema en el que, desde el Estado, te estén indicando qué tenés y qué podés hacer. Aquella cuarentena de once millones de personas en Wujan fue impactante. Luego sucedió en otros lugares, pero en China seguramente se hizo con un nivel de control férreo.

« Habia que trasmitirle a la sociedad que ibamos a caminar durante un cierto tiempo con incertidumbre, y aceptarlo y racionalizarlo. Y operar desde la razón. »

Para nosotros, como científicos, el caso chino es un poco como una caja negra. No sabemos y tenemos grandes dudas, porque no es sencillo el acceso a una información transparente. Al igual que el de la vacuna rusa. Quizás sea muy exitosa, pero, hasta la fecha, no tenemos información completa sobre ella. En cambio, los otros desarrollos se van publicando en forma más abierta y parando cuando es necesario. China pudo capitalizar la situación, se convirtió en un gran proveedor de insumos para todo el planeta: tests de diagnósticos, respiradores, muchas veces de baja calidad, tanto que cientos de miles de tests fueron desechados. También aquí recibimos tests que no se pudieron validar. No quiero entrar en generalizaciones inadecuadas; solo digo que hay que avanzar hacia un flujo más abierto de la información científica y el control de la calidad de los procesos a nivel internacional, para brindar garantías a todos.

La libertad científica es fundamental. Es esencial la libertad de poder comunicar los resultados. Hay modelos bastante antagónicos respecto a lo que nosotros pensamos.

Tenemos problemas como el cambio climático, que no sé cómo los vamos a procesar. Los científicos podemos incidir en el nivel de los Gobiernos de los países, pero las organizaciones científicas deberíamos poder incidir también en las decisiones planetarias. Hay protocolos que se firman, pero no todos los países los respetan.
El planeta tiene un problema muy grave. Se va a poner en tela de juicio, en tensión, la propia viabilidad de nuestra especie. Basta con ver lo que está pasando en la costa oeste de Estados Unidos, en el pantanal, en la tundra. ¡Humedales que se prenden fuego! Y hay líderes políticos a los que les importa un pito. Esto dispara procesos que agravan la situación. La humanidad está amenazada. La pandemia nos mostró la rapidez con que un fenómeno global afecta realmente al mundo. Arrancó a comienzos de año y en marzo estaba en todos lados. ¡Y hay que ver lo difícil que es la mitigación!

¿Recomendaciones para el futuro?

Lo primero es tener una institucionalidad apropiada. Es decir, buenas universidades, buenas academias de ciencia, de medicina, de ingeniería. Tiene que haber un Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Y esa institucionalidad de la ciencia —de quienes educan, como las universidades y las academias, o de los que piensan en el impacto de la ciencia, como los consejos— tiene que tener una representación muy importante en el Poder Ejecutivo. Uruguay todavía no la tiene. No tenemos un Ministerio de Ciencia y Tecnología.

« Lo primero es tener una institucionalidad apropiada. Es decir, buenas universidades, buenas academias de ciencia, de medicina, de ingeniería. »

La secretaría creada por el Gobierno anterior vuelve al Ministerio, que ahora será de Educación, Cultura y Ciencia. Pero, aun así, por temas de escala, los actores y las instituciones dialogan mucho entre sí, en forma permanente. Y también está la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (anii), que tiene un directorio mixto, con integrantes de la ciencia y otros que representan al Gobierno. El conicyt, además, tiene delegados de las empresas y de los trabajadores.

Esos nodos tienen que existir, pero es bueno que haya una coordinación supraestructural (ministerio o secretaría) que se encargue de que esos canales de comunicación funcionen todo el tiempo. Quizá nuestro grupo, el gach, haya ocupado ahora ese rol. Por un lado, nos comunicamos con la comunidad científica, y por otro lado, con el Gobierno. Pero este grupo como tal no va a persistir en el tiempo. Ahora tiene una función, pero después tiene que disolverse. Hay otras instituciones que ya están: la Academia Nacional de Ciencias, la Academia Nacional de Medicina, el conicyt.

Manfred Steffen, Rafael Radi y Ángel Arellano
Manfred Steffen, Rafael Radi y Ángel Arellano

Definitivamente tiene que haber institucionalidad. En ella debe haber representantes de la política y de la ciencia. Y hay que tratar de estar muy cerca de la presidencia, un ministerio o una secretaría de ciencia, de actores con mucha espalda que permitan hacer esa transición.

Los científicos tenemos que hacer nuestros proyectos de investigación, una ciencia concentrada, profunda, sin el ruido de lo cotidiano. Esa es la carne del ser científico. Pero una parte del tiempo, sobre todo cuando llegaste a cierto punto de la carrera, también lo tenés que dedicar al sistema. Una cosa es tu proyecto y otra es el sistema de ciencia y tecnología conectado con el Gobierno y la sociedad. Ese doble juego hay que hacerlo. No te podés apartar del proyecto científico porque dejás de ser un científico. En el caso de Merkel no hubo chance. Como jefe de gobierno no podés seguir en el laboratorio. Pero, fuera de esa excepción, hay que hacer un esfuerzo redoblado por mantener proyectos de investigación muy fuertes, y a la vez mantener la conexión con el sistema.

Entrevista realizada en Montevideo, el 15 de septiembre de 2020,
por Sebastian Grundberger, Manfred Steffen y Ángel Arellano

Transcripción y edición: Manfred Steffen


1 Médico, doctor en Ciencias Biológicas, investigador en bioquímica y biomedicina. Presidente de la Academia Nacional de Ciencias del Uruguay. Miembro de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos. Profesor titular del Departamento de Bioquímica de la Facultad de Medicina y director del Centro de Investigaciones Biomédicas de la Universidad de la República, Uruguay.

2 Al cierre de esta edición, el gach continúa brindando asesoramiento y presentando documentos sobre temas de importancia crucial, en particular, el análisis sobre apertura de fronteras y la próxima temporada turística.

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