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Aprendiendo de las crisis

Suamy Pérez Ortega

Suamy Pérez Ortega

Ingeniera electrónica con especialización en Energías Renovables y Cambio Climático (Pontificia Universidad Católica del Perú). Especialista en Economía de las Energías Renovables (Universidad Nacional del Sur de Argentina). Formó parte del Comité de Energías Renovables y Sostenibilidad en la Universidad de Harvard.

Punto de inflexión: según la matemática, es el punto donde los valores de una función pasan de un tipo de concavidad a otro. Según la economía, significa el cambio de tendencia. Según la filosofía, es un salto de paradigma. Considerando estas definiciones, el surgimiento del covid-19 marca ese punto de inflexión en nuestra economía e historia como civilización humana, que genera un estado de crisis y profetiza cambios. También, esta dinámica representa un nuevo inicio para modificar la forma en que concebimos al mundo y cómo actuamos respecto a ello, y nos concede la oportunidad de otorgar una vida más digna a nuestra generación y a las venideras.

« Existe un impacto significativo de la pandemia en los países más dependientes de los hidrocarburos y con su matriz energética poco diversificada. »

El escenario actual es crítico y afecta a todos los sectores económicos globales, a los que no es ajeno el sector energético latinoamericano. En las últimas semanas de confinamiento, este sector se ha visto golpeado por los efectos del covid-19, que trajo consigo la reducción de la demanda eléctrica, el impacto de los precios negativos del petróleo y las restricciones del transporte terrestre y aéreo. No obstante, este contexto hostil se ha convertido en la situación propicia para que los Gobiernos de la región desplieguen una serie de medidas de reactivación económica que posicionen al ser humano y al planeta como eje central de este proceso. Por ende, las energías renovables pueden tomar un rol protagónico como el tipo de energía limpia capaz de actuar como una palanca de estímulo del empleo, independización energética e inclusión de las sociedades en la región latinoamericana.

La crisis energética en el marco del covid-19

Para entender la crisis del sector energético en América Latina es necesario resaltar la dualidad de este problema, compuesta por los efectos del covid-19, al que se suman la caída de los precios de los hidrocarburos y la actual dinámica de mercado poco flexible a la inversión. Según la Agencia Internacional de Energía (aie), la demanda del petróleo caerá en 2020 a razón de 9,3 millones de barriles diarios (Castillo, 2020), situación que ha generado el histórico negativo en su precio. Por otro lado, la reducción de la demanda asiática de hidrocarburos, unida al desplome de las demandas nacionales de electricidad y la dificultad en el acceso al financiamiento para el sector energético, puso en jaque la tradicional administración de energía en aquellos países de la región con matriz dependiente de los recursos fósiles. A pesar de que los efectos son diferenciados según la realidad económica y política de cada país, y de sus estrategias para enfrentar la pandemia, existe un impacto significativo en los países más dependientes de los hidrocarburos y con su matriz energética poco diversificada (Institute of the Americas, 2020).

Figura 1. Evolución de la demanda eléctrica en Latinoamérica en la crisis del covid-19

Fuente: Chueca, Ravillard y Hallack (2020).

Ahora bien, enfatizando los efectos propios del covid-19 sobre el sector eléctrico, se puede afirmar que la consecuencia más palpable es la reducción de la demanda energética. Esta situación responde a tres factores: 1) la caída del consumo de hidrocarburos en Asia a causa del confinamiento decretado desde inicios del 2020, que propició el cierre de fábricas y la reducción de sus actividades productivas, aminorando el empleo de hidrocarburos; 2) la progresiva paralización del transporte terrestre y aéreo en casi todo el mundo; y 3) la reducción de la demanda eléctrica local, considerando que esta depende de las medidas de confinamiento que tomó cada país de América Latina. De acuerdo con la figura 1, aquellos países que decretaron un confinamiento más temprano y estricto, como Perú, Bolivia y Chile, se han visto afectados con una reducción más pronunciada de la demanda eléctrica, en comparación con los países que iniciaron el confinamiento posteriormente y con medidas más flexibles, como México, Nicaragua y Costa Rica.

« La crisis de los hidrocarburos y la aparición del covid-19 han generado un escenario incierto y poco alentador para el rubro energético latinoamericano, más aún en el caso de las inversiones en petróleo y gas. »

Asimismo, es resaltable el impacto del sector privado en la caída del consumo energético regional. Por tanto, aquellos países regidos por una economía centrada en la producción industrial o minera, y que han mantenido entre marzo y mayo del 2020 un confinamiento parcial o total de sus actividades, redujeron su demanda energética en más del 30 % (Cámac, 2020). Tal es el caso de las industrias en Brasil o la minería en Chile y Perú, cuyos consumos representan más del 50 % de la demanda eléctrica nacional.

Además del déficit económico que perciben las empresas generadoras y las cadenas de consumo eléctrico, América Latina sufre las postergaciones de nuevos proyectos energéticos, incluidos los que incumben energías renovables. Esta situación se refleja en el retraso de subastas, la austeridad monetaria para el financiamiento de proyectos a corto plazo, la priorización de las inversiones en salud y las modificaciones de los contratos ppa (Power Purchase Agreement) (debido a la devaluación de las monedas locales). Asimismo, se debe considerar que el despliegue de proyectos estará sujeto a las políticas de reactivación económica, la fecha de reanudación de actividades productivas, la facilidad que se otorguen a los procesos de importación tecnológica y los trámites para la continuación de proyectos (Vásquez, 2020).

La crisis de los hidrocarburos y la aparición del covid-19 han generado un escenario incierto y poco alentador para el rubro energético latinoamericano, más aún en el caso de las inversiones en petróleo y gas. No obstante, este contexto poco favorable para los recursos fósiles ubica a las energías renovables como la palanca energética para que el sector eléctrico se recupere de ambas crisis, bajo un enfoque orientado a la descarbonización eléctrica en América Latina.

Un salto de paradigma: la reactivación verde

Sabemos cuál es la situación por la que atraviesa el sector energético de América Latina ante una posible reactivación económica sostenible. No obstante, es importante entender el comportamiento de las energías verdes en el escenario previo al covid-19.

  • El 78 % de la energía instalada mundialmente durante 2019 fue renovable, con una participación de 90 % de fuentes solares y eólicas (Noticias onu, 2020).
  • En los servicios públicos, la energía proveniente de recursos fotovoltaicos disminuyó en un 82 % de su costo (Paredes, 2020).
  • Según irena, mantener las centrales térmicas y de carbón sería 1200 gw más costoso que el mantenimiento de centrales fotovoltaicas (irena, 2019).
  • Al 2050, las energías renovables impulsarían el incremento del pbihasta en usd 98 billones de ganancias acumuladas, con una generación de empleo hasta cuatro veces mayor (Hagelberg y Radka, 2020).
  • Si se reemplazaran los 500 gw de carbón instalado por fuentes renovables, se reducirían los costos del sistema energético hasta en usd 23 millones anuales y disminuiría 1,8 Gt de emisiones (5 % del total de emisiones del 2019).

Si bien es cierto que el actual contexto puede desacelerar el desarrollo de proyectos de energías renovables, son estos los más competitivos y atractivos para los mercados porque proporcionan mayor certidumbre a largo plazo en comparación con las fuentes fósiles. Entonces, si los Gobiernos incluyen a las energías renovables dentro de sus planes de reactivación económica, aseguran una recuperación a corto y mediano plazo acorde con el proceso de transición energética. Además, se benefician de una fuente de empleo intensiva gracias al carácter descentralizado de las energías renovables, con menores costos por concepto de reactivación energética y mantenimiento, e independización del sistema energético con la finalidad de afrontar los efectos de la crisis de hidrocarburos.

Dadas estas razones, el actual punto de inflexión por el que estamos atravesando es el momento y escenario precisos para acelerar el despliegue de las energías renovables y los compromisos de reducción de la huella de carbono en América Latina, puesto que la crisis obliga a que las instituciones se deconstruyan y se transformen para buscar un camino que les permita recuperarse del déficit económico mientras aseguran la vida de las personas. Entonces, con la transición sistemática que está generando el covid-19 se abre la oportunidad única de introducir prácticas sostenibles en el paquete de cambios institucionales que se alineen con las metas trazadas en los ods y los compromisos pactados en el Acuerdo de París. Aquí es donde radica el provecho de la actual pandemia: quizás, esta es la oportuna casualidad que tenemos entre manos para acelerar el proceso de descarbonización en América Latina y el mundo. Y, dentro de esta oportunidad, las energías renovables toman un rol protagónico como precursores de un sistema eléctrico sostenible y una reactivación económica verde.

« Los proyectos de energías renovables son los más competitivos y atractivos para los mercados porque proporcionan mayor certidumbre a largo plazo en comparación con las fuentes fósiles. »

Para que esta oportunidad sea aprovechada, será necesaria la participación absoluta de los gobiernos, dado que sobre estos recae la responsabilidad de diseñar y ejecutar los planes de reactivación económica de manera integral e inclusiva en las sociedades. Por esta razón, las hojas de ruta de la reactivación latinoamericana deben contener políticas de empoderamiento energético verde.

  1. Reducción progresiva del uso de hidrocarburos y transferencia de subsidios. Según el fmi, más de usd 160 billones anuales son destinados al subsidio de hidrocarburos con propósitos de electrificación, calefacción y uso doméstico (Castillo, 2020). Sin embargo, en América Latina estos subsidios no favorecen a las poblaciones más pobres, si se consideran los sobrecostos y la dificultad de transporte de hidrocarburos a zonas remotas. Con la transferencia progresiva de los subsidios fósiles a las energías verdes será posible reactivar los proyectos de energías renovables, propiciando la diversificación de la matriz energética, el incremento del empleo y la descentralización energética.
  2. Promoción de la inversión energética verde en el sector privado. La reactivación económica liderada por los aparatos estatales latinoamericanos debe incluir al sector privado como punto de apoyo. Esto permitirá que los Gobiernos centrales incentiven la inversión privada en energías renovables bajo las siguientes acciones: aprobación de reglamentos que favorezcan el desarrollo de energías limpias y generación distribuida, flexibilidad en la gestión de permisos para la generación eléctrica renovable y el financiamiento preferencial de proyectos que incluyan energías limpias dentro de su cadena de valor o como producto final.
  3. Regulación energética sostenible para el rubro minero. América Latina es una región con economía basada en la explotación de recursos extractivos como los minerales. Por tanto, la minería es uno de los sectores que demanda mayor energía y emite porciones considerables de gei. Parte de las medidas de reactivación económica deben incluir a la minería como actor primordial en la transición energética y la reducción de la huella de carbono. Por tanto, debe exigirse una cuota verde en sus actividades: por cada tonelada métrica de metal debe incluirse un porcentaje de energía renovable en su extracción, proveniente por contrato o autogeneración.
  4. Integración del transporte sostenible. Los decretos de confinamiento han modificado las formas en que las personas se transportan. Por tanto, esta coyuntura abre paso a una reforma escalonada del transporte que refuerce el uso de vehículos sostenibles. Debe incentivarse la adquisición de movilidad eléctrica, la implementación de corredores eléctricos en las ciudades y el análisis del impuesto al uso de vehículos a combustible.
  5. Interconexión eléctrica regional. Con la crisis de hidrocarburos, las necesidades energéticas en la región serán inminentes y requerirán de la cooperación internacional para satisfacer la demanda eléctrica en los países latinoamericanos. Por ello, los acuerdos pactados para el desarrollo de la interconexión eléctrica regional deben retomar su curso en los próximos meses.Además, estos deberán viabilizar la participación de fuentes renovables en el despliegue de la integración.

Adelante con un enfoque social e inclusivo

Entre las lecciones que deja el covid-19, una de las más importantes es la priorización social, más aún para aquellas poblaciones económicamente precarias y asentadas en zonas remotas. Tengamos en cuenta que con el despliegue de la pandemia en la región la carencia de servicios básicos fue la primera en salir a la luz y agravar la crisis sanitaria. Por tal razón, la reducción de la tasa de pobreza energética latinoamericana debe estar contemplada en los planes de reactivación económica como plan de recuperación ante la crisis.

Así también, la inclusión de las energías renovables como herramienta de erradicación de la pobreza energética pos-covid-19 permite otorgar soluciones a otras limitaciones generadas por la pandemia:

« La inclusión de las energías renovables como herramienta de erradicación de la pobreza energética pos-covid-19 permite otorgar soluciones a otras limitaciones generadas por la pandemia. »

  • Las energías renovables in situ benefician por ser sostenibles y descentralizadas. Gracias a ello, su instalación es más sencilla en zonas remotas y aminoran costos de inversión y mantenimiento en líneas eléctricas (Vásquez, 2020).
  • Con la propagación del covid-19, la digitalización se expandió de manera acelerada, y se instauró en diversas actividades económicas que muy poco la utilizaban en el pasado. Por ello, el acceso a las comunicaciones debe ser un reto asumido por los Gobiernos considerando la necesidad de ampliar la cobertura de internet, que puede ser sostenida energéticamente por tecnologías renovables.
  • Sujeta a los puntos anteriores, la educación se ha virtualizado y, probablemente, esta alternativa educativa se extienda por muchos meses o incluso años. Dada esta situación, la urgencia energética se hace más acuciante en las localidades sin acceso a suministro eléctrico, que deben ser dotadas de un servicio eléctrico y no exclusivamente para recibir educación, sino también para satisfacer todas sus necesidades energéticas. Es importante que los gobiernos no caigan en el error de las soluciones paliativas a la educación que radican en la creencia de que un dispositivo electrónico es remedio suficiente para que un alumno estudie desde su hogar. Primero se debe satisfacer la necesidad de electrificación y comunicación con que no cuenta ese estudiante.
  • La presencia del covid-19 no puede ser excusa para debilitar los esfuerzos por empoderar a las mujeres en el sector energético. Por el contrario, estos tiempos de cambios son idóneos para promover la equidad de género y lograr una reactivación económica integral con participación de diversos enfoques humanos e interdisciplinarios (Hagelberg y Radka, 2020). Entonces, el involucramiento femenino en la recuperación económica regional es una decisión rentable y digna.
Fuente: Pxhere

A modo de conclusión

Decir que la crisis económica y sanitaria ocasionada por el covid-19 en América Latina estalló con su llegada a nuestra región se trata de una imprecisión, puesto que sus secuelas nos afectaron desde su misma aparición en Wuhan, China. Esto, como resultado de los vínculos comerciales codependientes que América Latina mantiene con el país asiático y que lo ubican en el centro de la dinámica económica. Bien se dice que si China estornuda nos salpica a todos, y ya estamos bien empapados. Pero, si analizamos el covid-19 con un enfoque a futuro, puede utilizarse esta pandemia como aprendizaje y punto de partida para enfrentar otra crisis, aún más catastrófica y próxima a agudizarse: el cambio climático.

Sin desmerecer el efecto hostil del covid-19 sobre la vida de millones de personas a nivel mundial, esta crisis podrá ser superada en los próximos meses, pero el cambio climático no . Por tanto, el punto de inflexión que marca esta pandemia debe abordarse, más que como limitación, como un momento preciso para desarrollar políticas energéticas sostenibles que formen parte de la reactivación económica. Con ello, el sector energético latinoamericano puede alcanzar esa luz al final del túnel, que permita la diversificación de la matriz energética regional, la reducción del índice de pobreza energética y huella de carbono, y el fortalecimiento de una cultura sostenible en América Latina.

Referencias

  • Cámac, D. (2020, junio 16). Estos tiempos del covid-19 son una oportunidad para intensificar la descarbonización de las actividades humanas a través del uso de las energías renovables. RevistaEnergía.pe. Recuperado de https://bit.ly/2HtspOg
  • Castillo, I. (2020, mayo 5). covid-19: Un reto y una oportunidad para las energías renovables. Capevlac-olade. Recuperado de https://bit.ly/3e0zlPr
  • Chueca, E., Ravillard, P., y Hallack, M. (2020, abril 13). ¿Cómo se relaciona la demanda eléctrica con el coronavirus? Energía para el Futuro. bid. Recuperado de https://bit.ly/2Tl7vU8
  • Institute of the Americas. (2020). covid-19 and Latin America’s Energy Sector: Today, Tomorrow and Beyond the Crisis. Recuperado de https://bit.ly/2Hsa2cV
  • irena. (2019, junio 13). Renovables generan 11 millones de empleos a nivel mundial en 2018 [Comunicado de prensa]. Recuperado de https://bit.ly/3khsYcC
  • Hagelberg, N., y Radka, M. (2020, abril 29). Transformar el sistema energético: un beneficio post-covid-19 para las personas y el planeta. un Environment. Recuperado de https://bit.ly/3kkNvx6
  • Noticias ONU. (2020, junio 10). El apogeo de las energías renovables, el lado esperanzador de la pandemia de coronavirus. Noticias onu. Recuperado de https://news.un.org/es/story/2020/06/1475832
  • Paredes, J. R. (2020, abril 24). Renovables, la mejor vacuna de seguridad energética en tiempos del covid-19. Energía para el Futuro. bid. Recuperado de https://bit.ly/3med3wo
  • Vázquez, I. (2020, marzo 23). La energía renovable en tiempos de covid-19. Agenda legal. Gestión [Blog]. Recuperado de https://bit.ly/37yFWiO
  • Vásquez, U. (2020, abril 7). Energía renovable en el contexto de la cuarentena por covid-19. inte-pucp. Recuperado de https://bit.ly/3m9pQAb

* Publicado en Cambio climático en tiempos de coronavirus, serie ekla, n.º 12, julio de 2020.

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